martes, 21 de julio de 2009

A los ventiúltimos

Hace seis días que cumplí 29, los casi-treinta.
Y, os lo digo en serio, es una edad horrible, tonta, tan tonta como lo fueron los 19, un año que sobra. Con lo 18 todo es nuevo, la mayoría de edad, la universidad..., pero con los 19... no hay más que de lo mismo, pero a la vez aún no llegas a los 20. Con los 29 igual: a los 28 aún te ves lejos de los 30, sabes que te acechan desde algún lugar, ocultos, pero nadie te cambia la edad: si tienes 28 tienes 28; pero con 29 las normas se relajan y todo el mundo te acopla los 30 con una facilidad pasmosa que tú tratas de detener ("¿30? No, no, 29, que aún me queda").
No sé cómo será el resto del año que me queda, pero me da la sensación de que al cumplir los 30 tendría que pasar alguna especie de cataclismo en mi vida. ¿Recordais una película añeja en al que los humanos no podían pasar de los 30? Llevaban un botón rojo que les informaba de cuándo tenían que morir. Algo así parece que va a pasar, y sin embargo tratamos de correr más que ello.
Pero no podemos correr más que los años.
Yo desde hace un tiempo me siento menos tranquila y más activa, como si en vez de crecer hubiera llegado a los 25 y hubiera dado para atrás. Ahora debo de andar por los 20 o 21. Tengo las mismas manías que a esa edad, he recuperado parte de la creatividad perdida, vuelvo a escuchar la misma música y a emocionarme como si acabara de salir de la adolescencia, incluso vuelvo a tener amigas con esas edades.
No me molesta, de hecho me encanta, pero a mi alrededor la gente ya espera más de alguien de "casi 30". Yo supuse que cambiaría, que maduraría, que perdería muchas cosas por el camino y que me convertiría en alguien nuevo, pero no, sigo agarrada a las mismas cosas porque no quiero renunciar a ellas, porque son parte de lo que soy, porque por mucho que crezca, mi vida es mía y yo soy como soy.

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